Historia de Roma, de Indro Montanelli

Historia de Roma, como reza el reverso del mismo libro, “ofrece una serie de retratos apasionantes y veraces que iluminan en sus justos términos a los protagonistas de aquella“.

El autor, Indro Montanelli, nos da un adelanto del estilo de la obra, al inicio de la misma:

Lo que hace grande la historia de Roma no es que haya sido hecha por hombres diferentes a nosotros, sino que haya sido hecha por hombres como nosotros. Ellos no tenían nada de sobrenatural, pues si lo hubiesen tenido nos faltarían razones para admirarles. Entre Cicerón y Carnelutti hay muchos puntos en común. César fue de joven un gran canalla, mujeriego toda su vida y peinaba bisoñé porque se avergonzaba de su calvicie. Esto no contradice su grandeza de general y de hombre de Estado. Augusto no pasó todo su tiempo, como una máquina, organizando el Imperio, sino también combatiendo la colitis y los reumatismos, y por poco no perdió su primera batalla, contra Casio y Bruto, a causa de un ataque de diarrea.

Me parece que este libro es perfecto para quien quiere una primera aproximación a la historia de Roma. Por ello, lo recomiendo ampliamente.

En una nota aparte, es imposible no advertir las similitudes que existen entre la decadencia del Imperio Romano, y la sociedad mundial actual. Para muestra, los siguientes fragmentos del libro en comento:

El matrimonio, que en la edad estoica había sido un sacramento y volvería a serlo en la cristiana, entonces sólo era una aventura pasajera…

El infanticidio ya no estaba permitido, pero el aborto era una práctica corriente, y si no salía bien, se recurría al abandono del recién nacido al pie de una columna lactante, así llamada porque junto a ella había nodrizas pagadas adrede por el Estado para amamantar a los niños abandonados.

…Y Petronio lamentaba que no se enseñase en ellos (cursos de retóricos, la Universidad de entonces, N. del T.) más que abstracciones sin utilidad alguna para la vida práctica.

… los burdeles se habían convertido en estabecimientos de lujo, las meretrices consideraban un deber entretener a los clientes no sólo con sus gracias, sino también con la conversación, con música, con danzas,… y los clientes seguían frecuentándolos también después de casados.

… Séneca consideraba afortunado al marido cuya mujer se conformaba con dos amantes solamente.

… Juvenal, Marcial y Estacio nos hablan de mujeres de la burguesía que luchaban en el Circo, recorrían las calles de Roma conduciendo personalmente sus calesines, se paraban a conversar bajo los pórticos y ofrecen al transeúnte -dice Ovidio- el delicioso espectáculo de sus hombros desnudos.

Se engordaba. La estatuaria de ese período, comparándola con la de la Roma estoica, toda de figuras secas y angulosas, nos muestra una humanidad entumecida y abotagada por el ocio y por las indulgencias dietéticas… El cabello, la mayoría se lo hace cortar todavía al cero, pero hay unos elegantones que en cambio se lo dejan crecer, anudándolo luego en trencitas.

La moda femenina se ha complicado. La señora de cierta alcurnia no emplea menos de tres horas y de media docena de esclavas para emperifollarse… Y hubo tonsores que labraron su fortuna inventando algunos peinados originales, diferentes a los usuales…

Ya había leído a profesores, como Doug Beaumont, establecer paralelos entre la sociedad romana, como se la presenta aquí, y la sociedad actual en E.U.A. Aquí se puede ver por qué.

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