El fraude del sueño universitario mexicano

Reproduzco, in extenso, la siguiente nota que encontré en el diario El Universal:

El fraude del sueño universitario mexicano

Estar titulado de la licenciatura y de ser posible ostentar un posgrado de alguna universidad de prestigio y de preferencia del extranjero, dominar mínimo el inglés, utilizar paquetería de software sofisticado, buena presentación, facilidad de palabra, tener iniciativa, disponibilidad de horario, experiencia profesional en el área y buenas recomendaciones: requisitos que sólo son el principio de un camino tortuoso para cumplir con el perfil de la ansiada vacante.

Todo un proceso para ocupar un puesto sumamente demandado con un sueldo en promedio de $6,000 a $10,000 mensuales que deberán ser suficientes para casa, comida, transporte, vestido, visitas al médico, diversión y ahorro. Todo lo anterior en el caso de un profesional soltero, ya que si tiene hijos o familia, la perspectiva cambia de ser crítica a una verdadera tragedia, donde los estudios no garantizaron el sueño de movilidad social como lo hicieron las generaciones pasadas, que no se vieron en la necesidad de emigrar.

Jóvenes de entre 24 y 29 años, que se preocuparon por prepararse, ya que aprendieron de sus padres que la fórmula mágica para salir adelante y “triunfar” en el mercado laboral era estudiando y destacando para obtener un buen empleo.

Si bien es cierto que dicha generación subvalorada, contrario a muchos “ninis”, no entrará a las filas de la delincuencia, al comercio ambulante o a incrementar el número de mujeres en edad productiva que se dedican a las labores domésticas como señala el Imjuve, su circunstancia sigue siendo desalentadora, pues la clave no será darse por vencido sino luchar a contracorriente del sistema que no incentiva la meritocracia.

El fenómeno se vive a nivel global. En España, estos jóvenes son llamados mileuristas, porque pese a su preparación académica no ganan más de mil euros al mes, lo que es insuficiente e inversamente proporcional a su nivel de estudios, sin embargo, en México la situación se vuelve más complicada cuando este segmento poblacional ni siquiera es medido y tomado en cuenta por los programas de gobierno y cifras oficiales.

Así pues, la generación de jóvenes trabajadores con bajo nivel de ingresos y alto nivel académico, todavía sin nombre en México, estudió y soñó con un mejor futuro. Su esfuerzo no se ve recompensado como alguna vez pensó.

Y es que, en un país donde sólo 17 de cada 100 mexicanos tiene acceso a la educación superior, resultaría lógico que los jóvenes que cuentan con carrera universitaria fueran los que obtuvieran empleo fácil, pero la realidad es contradictoria.

En una nación como la nuestra, donde la tecnología aún no ha sustituido al hombre como en los países desarrollados, habiendo tanto que hacer, infinidad de problemas que resolver y crisis por doquier, deberían sobrar las ocupaciones, empleos bien remunerados o facilidad para el autoempleo exitoso; no obstante, el escenario es otro.

La mitad del famoso bono demográfico de 34 millones de jóvenes entre 12 y 29 años en este 2010 vive en condiciones de pobreza y/o se encuentra desempleado, aún sin sumar a los jóvenes profesionales subvalorados. El escenario es realmente alarmante; sin embargo, acostumbrados a la nota roja diaria, dichas cifras pasan desapercibidas como una mera referencia alusiva a la fecha.

A la hora de fincar responsabilidades, debemos plantearnos quiénes son los culpables por omisión, negligencia o por método de que hoy la sociedad no tenga confianza en el porvenir por excluir a aquellos que representan el futuro, parafraseando al sociólogo francés Alain Touraine.

¿Será que el gobierno mexicano está más preocupado por atender lo urgente y poco piensa en la planeación estratégica? ¿Es la falta de verdaderas políticas públicas que involucren al talento joven? ¿Es el error del sistema tanto público como privado de las universidades, que no han sabido vincularse con la demanda del sector productivo? ¿Será la apatía de una generación acostumbrada a conseguir todo fácil? ¿Es la desconfianza empresarial en la inexperiencia temporal de la juventud, como decía el ex primer ministro checo Vaclav Havel?

Desafortunadamente, cada una de las interrogantes podría ser contestada de manera afirmativa, ya que ante un problema tan complejo las respuestas nunca podrán ser monolíticas y por ende se abren muchos campos de acción y de oportunidad. Aunque hasta ahora los esfuerzos siguen siendo escasos para darles expectativas reales de desarrollo a estos jóvenes sin presente y de futuro inestable.

Lo cierto es que la juventud sin la brújula del conjunto de reglas escritas y no escritas que le permitan entender el mundo en que vive será una bomba de tiempo para cualquier gobierno. Lo positivo es que el cambio de paradigmas no es un reto extraordinario, porque cada empresa, organización e institución se podría ver enormemente beneficiada al aprovechar la capacidad de los jóvenes que buscan romper el status quo independientemente de su experiencia y edad.

Confiemos grandes responsabilidades, estemos dispuestos a nuevas ideas y premiemos con expectativas reales de crecimiento el talento y la preparación para que el apoyo a la juventud no sólo sea parte del discurso demagógico que todos escuchamos. Lo peor que le puede pasar a una sociedad es tener una juventud sin esperanza.

Politóloga

Recuerdo encontrarme en la situación que se describe en la nota, cuando era un recién graduado. Recuerdo sentir mucha desesperación, además de considerar todo el esfuerzo hecho por mis padres y por mí, para obtener mi título universitario, como algo completamente inútil.

Ahora mi situación es diferente, gracias a Dios, pero definitivamente, la situación en México desanima a cualquiera.

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