La Independencia también fue forjada por hombres de ciencia

Comparto esta nota del diario El Universal. A continuación la reproduzco in extenso:

En la insurrección armada iniciada en 1810 y posteriormente en la definición y conformación del naciente país, luego de consumarse la Independencia en 1821, tuvieron un papel decisivo no sólo los grandes estadistas y caudillos, sino también héroes anónimos que no han sido suficientemente reconocidos por la historia oficial: los hombres dedicados a la ciencia, la medicina y la tecnología.

Enfrentados al reto de construir una nueva nación desde sus cimientos a partir de la ruptura con el régimen colonial, los jefes insurgentes tuvieron de su lado no sólo a aguerridos clérigos, estrategas militares, políticos y miembros de la burguesía, sino también a un nutrido ejército de médicos, geógrafos, geólogos, botánicos, zoologos, historiadores, matemáticos, técnicos, mineros, astrónomos y arquitectos.

Para organizar y gobernar a la nación en gestación y poner en marcha un proyecto político autónomo, antes era indispensable conocerla. Y a la tarea de delimitar las fronteras territoriales y marítimas, establecer planos y mapas, así como inventarios de recursos naturales y conteos de población se dedicaron todos ellos durante la primera mitad del siglo XIX.

En dicha labor contaron no sólo con el conocimiento de añeja tradición acumulado por sociedades de estudio, escuelas y agrupaciones culturales de origen novohispano, sino también con la plataforma de nuevos saberes e instituciones que comenzaron a establecerse, alejados de los viejos modelos escolásticos y más cercanos a lo que hoy conocemos como ciencia.

Exploración y cartografía

“Desde los primeros gobiernos llamó la atención el hecho de que faltara una cartografía y un recuento estadístico de los recursos humanos y naturales. Por eso Agustín de Iturbide llamó a lo sabios a prestar sus luces en favor del Imperio y posteriormente el primer presidente Guadalupe Victoria, en 1824, formó comisiones de exploración del territorio mexicano”, recuerda la doctora en geografía Luz Fernanda Azuela, de la UNAM.

Paralelamente, añade la física y maestra en historia, muchos intelectuales mexicanos, como Manuel Payno y Guillermo Prieto, fundaron revistas misceláneas, destinadas a la difusión de conocimientos útiles y la formación de una literatura mexicana, no sólo en el sentido de poemas y novelas, sino expresada en los discursos jurídico, histórico y científico.

Esta visión, dice la académica, contradice la apreciación de que la revuelta armada y la subsecuente inestabilidad política y social detuvieron las actividades relacionadas con la ciencia y la técnica en la nueva nación. “Lo que había eran muchas dificultades políticas”, remarca.

Rafael Guevara Fefer, quien también especialista en historia de la ciencia en México de la Facultad de Filosofía y Letras, de la Universidad Nacional Autónoma de México, comparte la postura de Luz Fernanda Azuela: “Se acostumbra decir que la guerra de Independencia detuvo los procesos educativos y el trabajo de instituciones superiores que veían desarrollándose desde el siglo XVIII”.

Entre esos centros -que se buscó fortalecer- sobresalían La Real y Pontificia Universidad de México (que sería clausurada en 1833), el Jardín Botánico, el Colegio de Minería y la Academia de San Carlos, todas de linaje novohispano. En una de las obras más influyentes sobre el tema, Historia de la ciencia en México, el investigador Elías Trabulse, anota: “El ritmo del conocimiento científico estaba sufriendo una aceleración vertiginosa en Europa en momentos en que México debía, ante todo, organizarse como nación en lo interno y externo.

“A este agravante -escribe Trabulse- vino a sumarse el que desde sus primeros años la joven república se viera envuelta en una serie ininterrumpida de convulsiones políticas, guerras civiles, pronunciamientos militares e invasiones extranjeras, todos ellos lejanos y ajenos a la paz que requiere la obra del sabio”.

Claro que hay una dinámica que se interrumpe con la guerra, reconoce Guevara Fefer, pero no en el sentido de que todo se paralizó; al contrario, los hombres brillantes se pusieron al servicio de los dos bandos, realistas e insurgentes, en actividades tan variadas como el reconocimiento territorial, la atención médica y sanitaria a la población, los aprovisionamientos necesarios para la guerra, etc.

Apoyo a la guerra

No menos relevante fue el apoyo que tuvo el movimiento independentista en las llamadas maestranzas (talleres para la fabricación de armas y material bélico), en cuyas actividades técnicas y de enseñanza colaboraron militares y ex alumnos del Colegio de Minería, como lo documenta el historiador Moisés Guzmán Pérez.

“La guerra convirtió a la gente común en soldados; aprendieron cuestiones elementales de táctica de combate y disciplina militar; se enseñaron a fabricar pólvora, a fundir cobre y fierro, pero sobre todo a construir armas y cañones para la libertad” escribe el historiador michoacano en su artículo Miguel Hidalgo y la artillería insurgente (revista Ciencia, vol. 61, No 3)

Otro gran hito de la época independentista fue la transformación de la medicina, que se volvió científica, y el que los escasos profesionistas científicos aportaban a otras ramas del saber, como la paleontología, las ciencias sociales, la administración, etc., dice Guevara Fefer.

“El Estado era partidario de reorganizar las instituciones coloniales pero al mismo tiempo innovaba donde podía hacerlo, lo cual era fundamental para un país que entonces contaba con cuatro millones de kilómetros cuadrados de territorio”, dice.

Muestra de ello fue la fundación del Instituto de Geografía y Estadística en 1833, que luego se convirtió en Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística (decana de las corporaciones científicas y una de las más antiguas del mundo) y la de los seis Establecimientos de Estudios Mayores (Preparatorianos, Ideológicos y Humanidades, Ciencias Físicas y Matemáticas, Ciencias Médicas, Jurisprudencia).

“Para el tiempo en que se estableció la primera República (1824) ya era muy clara la voluntad de desarrollar instituciones para la educación básica y para la superior. Además, la Constitución de esa fecha planteó que se debía gobernar científicamente; la ciencia no solamente era algo que se iba a desarrollar sino que estuvo presente desde el principio”, refiere Guevara.

Qué gran forma de ver el impacto que tienen la ciencia y la tecnología en el desarrollo de un país.

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