Archivos Mensuales: diciembre 2010

“Los chicos ruidosos no leen”

Me llamó la atención la columna publicada en el diario El Universal, escrita por Mauricio Merino, la cual reproduzco a continuación:

Sabemos que la educación no solamente se imparte en las aulas, ni se refiere exclusivamente a los niños, sino que es un proceso de adaptación social e intercambio que dura toda la vida. Es un lugar común decir que nunca terminamos de formarnos del todo o que todos los días se aprende algo nuevo. Pero no siempre nos hacemos cargo del contenido de ese aprendizaje continuo, ni de los medios que empleamos para adquirirlo, pues la palabra educación está tan cargada de buenos propósitos que se nos olvida que también es posible aprender cosas horribles.

Confinada a las aulas y entregada a los maestros profesionales, la educación suele confundirse así con el tiempo que las personas pasan en las escuelas, mientras que todos los demás instrumentos a través de los cuales se transmiten y aprenden valores, identidades, habilidades, datos y métodos, pasan inadvertidos o no se conciben como parte de este proceso. Como si éste no sucediera sino a través de pizarrones y libros de texto. Pero lo cierto es que nos educamos —o nos maleducamos— de forma más o menos constante y por todos los medios que empleamos para relacionarnos con los demás: desde la voz de nuestros vecinos hasta los softwares más sofisticados del mundo.

De aquí la alarma que enciende la Encuesta Nacional de Hábitos, Prácticas y Consumo Culturales fechada en agosto del 2010, que realizó Conaculta. Según esos datos, resulta que los mexicanos desdeñamos la lectura de libros (esa práctica que se cree solitaria porque se hace en silencio e individualmente, cuando en realidad es el acceso directo al mundo completo) y preferimos los medios audiovisuales que dan la impresión de conectarnos de inmediato con mucha gente (cuando se trata, más bien, del medio que reclama más pasividad entre todos). Una forma de enajenación instantánea: prender la televisión y perderse por un largo rato, cosa más fácil que la concentración y la razón que nos exigen los libros. Ruidosa pero evasiva, la gran mayoría consume sin más la educación que le brinda la tele. Y así nos vamos volviendo.

Dice la encuesta que 27 de cada 100 mexicanos leyó un libro en el último año, pero sólo cuatro leyeron cinco libros o más, mientras que 68 no leyeron ninguno. Y como podría esperarse de ese dato definitivo, la gran mayoría no convive con libros en casa: 24 no tiene ninguno a la vista, mientras que 54 tiene apenas entre uno y 20 volúmenes —que probablemente incluyen los escolares. Las bibliotecas caseras con más de 150 ejemplares son un lujo que posee solamente el 2% de la población total del país.

En cambio, 97 de cada 100 tiene una televisión en su casa, y cerca del 90% le dedica a ese aparato por lo menos una hora diaria. Como dije antes, sólo 4% de la gente lee cinco libros o más cada año, pero 40% le dedica más de dos horas a ver tele todos los días. La mayor parte dice que lo hace para ver noticieros y telenovelas: esos dos medios perfectos para trasmitir datos, construir opiniones, producir valores y definir la verdadera educación pública de los mexicanos. De ese universo casi total, un humilde 2% declara —quizás con un cierto rubor— que le gusta ver programas culturales de televisión.

Nada compite con esas cifras abrumadoras. Ni siquiera el internet alcanza (todavía) para amenazar la hegemonía de la televisión. Véase si no: 32% utiliza internet para enlazarse con los demás, por lo menos durante media hora al día. Pero solamente el 8% del total lo hace para buscar información, y tres tercios de éstos (poco más de 5% del total) lo hace en busca de libros o literatura de cualquier índole. Todos los demás usan el internet para chatear, participar en redes sociales o para ver videos y escuchar música. Y los periódicos están aún más distantes: 10 de cada 100 los leen diario, pero 38 no los leen nunca.

Estos datos no alcanzan para ensayar una antropología social de los mexicanos. Pero sí nos dicen que cada vez nos parecemos más a nosotros mismos: una sociedad ruidosa que no lee; que buscando escapar de la soledad, la pobreza y el miedo, se encierra a ver la televisión, y que se educa a sí misma mirándose todo el día en el espejo. Y como los números mandan en la creación de los contenidos, de sobra está pedir que se mejore la calidad de los programas o que las empresas hagan conciencia de su papel axial en la educación colectiva. Si de veras somos lo mismo que vemos, que nadie se engañe: primero muertos que apagados.

Profesor investigador del CIDE

Lo que más me llamó la atención:

Según esos datos, resulta que los mexicanos desdeñamos la lectura de libros (esa práctica que se cree solitaria porque se hace en silencio e individualmente, cuando en realidad es el acceso directo al mundo completo) y preferimos los medios audiovisuales que dan la impresión de conectarnos de inmediato con mucha gente (cuando se trata, más bien, del medio que reclama más pasividad entre todos).

Actualmente, se le da mucha importancia a la integración de las TIC’s (Tecnologías de Información y Comunicación) en la educación. Sin embargo, deben aplicarse de tal forma que ayuden a desarrollar la capacidad de pensamiento crítico y reflexión, entre otras, en los estudiantes. Para mí, como he comentado antes, el trabajo de Darren Kuropatwa y Dan Meyer constituyen excelentes ejemplos.

Mac OS Tiger

En una entrada anterior mencionaba que me había gustado la captura de pantalla en una presentación del profesor Darren Kuropatwa.

Descubrí que el sistema operativo que se mostraba en dicha presentación es el Mac OS Tiger.

A continuación comparto el siguiente video de YouTube donde se muestra este sistema operativo en acción:

Comentando esto con un ex-alumno, me dijo que el Tiger no soportaba algunas aplicaciones. De todas manera, me encanta cómo se ve.

“¡Es posible desarrollarnos!”

A propósito del tema de mi tesis de maestría, la cual versa acerca de la percepción de los docentes en el uso del Pizarrón Electrónico en clase, comparto la siguiente columna de Esteban Moctezuma, publicada en el diario El Universal:

Vivimos momentos definitorios para la educación pública. En los próximos diez años, estaremos frente a la oportunidad de igualarnos con países desarrollados o, por lo contrario, estancarnos al nivel de países africanos.

La clave está en la tecnología. De no tomar la decisión correcta, México padecerá, no sólo en materia educativa, sino en sus consecuencias: una sociedad disfuncional.

Todo mundo habla de incorporar la tecnología a la educación, pero lo verdaderamente urgente no es eso, es incorporar la educación a la tecnología, lo que es muy diferente.

No se trata de comprar fierros, sino de diseñar qué desempeños queremos desarrollar en nuestros alumnos y decidir, entonces, qué tecnologías son más apropiadas para ello.

Esos desempeños deben estar ligados a varios temas. En primer lugar, al trabajo colaborativo, para lo cual las redes sociales son un gran instrumento. En segundo lugar, se debe desarrollar el uso de las redes sociales con fines de aprendizaje. Un tercer punto indispensable es el escalamiento de la Web 2.0.

Asimismo, no centrar todo el esfuerzo sólo en los alumnos, sino también en los maestros, al crear para ellos su propia red de docentes, y, finalmente, acceder a objetos multimedia situados en ambientes virtuales que permiten la convergencia tecnológica.

La conectividad de banda ancha es lo único que hará posible la interactividad como fundamento de esta nueva didáctica. La política pública en el uso de las tecnologías tendrá que concentrarse en cerrar la brecha de la banda ancha para acceder a ella, con fines públicos y específicos en las escuelas.

Por ello, debemos destacar que continuamente se confunden los objetivos del programa Enciclomedia con simples contratos de compra o mantenimiento de equipos. Nada más alejado de la realidad: ese es un tema eminentemente administrativo, no educativo.

El tema educativo, ahora que han concluido los contratos de Enciclomedia, es definir cuál es la estrategia para desarrollar los caminos que van seguir las tecnologías en la educación pública de México y si los estándares son correctos.

Lo que está en juego en la nueva política de uso de las tecnologías en el aula a nivel mundial es el modelo educativo que se debe alinear a los instrumentos de los distintos software que privilegian la convergencia de redes y de otros objetos multimedia, donde ya Enciclomedia había dado un paso importante, pero sin la conectividad y sin la interacción uno a uno.

Enciclomedia propicia la interacción de 30 alumnos frente a una computadora, un pizarrón electrónico y un maestro.

Sin duda, Enciclomedia ha sido un sistema audaz, atrevido y trascendente, sin embargo el futuro de las tecnologías en el aula es el trabajo uno a uno, no treinta a uno.

De ahí que los modelos educativos a nivel mundial empujen la tendencia: un niño-una computadora, con un proyecto educativo que impulsa la autonomía del alumno en los aprendizajes. Con la misma inversión que se otorgó a Enciclomedia podemos lanzarnos hoy, no al futuro, sino al presente que está a la mano.

Enciclomedia es, por ello, una interfase ya superada, porque hace depender al alumno del pizarrón electrónico y del docente, mientras que los nuevos proyectos educativos en el uso de las tecnologías en el aula tienen que impulsar la autonomía de los aprendizajes del alumno frente a espacios virtuales convergentes donde el video, los datos y la capacidad autotutorial se imponen.

México no puede quedarse atrás, ni puede apostar al pasado, si lo hace, el daño económico, cultural y político será irreversible.

Curiosamente, unas tecnologías ejercitan la democracia y la capacidad emprendedora, mientras que otras tecnologías mantienen una cultura tutorial.

emoctezuma@tvazteca.com.mx

Presidente ejecutivo de Fundación Azteca

Se pueden encontrar excelentes ejemplos del uso de tecnología en la enseñanza  y buenas prácticas pedagógicas en los blogs de los profesores Darren Kuropatwa, Dan Meyer y Sam Shah, los cuales han sido mis ejemplos a seguir.

“Educar la educación nacional”

A continuación, siguiendo con las entradas acerca de la educación en México, reproduzco el siguiente artículo del diario El Universal, de Francisco Suárez Dávila, in extenso:

Sebastián Piñera, el nuevo presidente de Chile, al emprender una nueva reforma educativa, declaró: “La batalla para lograr el desarrollo nacional se ganará o perderá en el salón de clases”. ¡Tiene razón! Su frase se aplica a México. Debemos lograr un compromiso nacional de gran visión. Con objetivos ambiciosos, claros, medibles. Es la reforma de mayor trascendencia, la necesaria para elevar la calidad de la educación, desde la básica hasta la superior. Sin ello no hay crecimiento con alta productividad, ni mayor competitividad; no hay verdadera superación de la pobreza, ni corrección de la desigualdad.

Recientemente el secretario de Educación presentó los resultados para México de la Evaluación Internacional de Estudiantes de la OCDE (Informe PISA). Como esta evaluación se ha realizado desde 2000, permite compararnos contra nosotros mismos y con el mundo. Lujambio habló de avances en la dirección correcta. Los jóvenes de 15 años en las escuelas aumentan de 51% a 65%. Es el país que más mejora en matemáticas, algo en lectura y en ciencias. Avance, sí, pero muy modesto.

En términos internacionales, nuestro promedio es de 422 puntos sobre una media de 500. Último lugar, 34, en la OCDE; 50 en la muestra de 65 países. Casi la mitad de los alumnos no llega al nivel 2, mínimo necesario de capacidad; solamente el 5% está en el “club de excelencia”. Sí, somos los mejores de América Latina. Pero, para la OCDE, China, Polonia y Brasil son los países emergentes que han avanzado más rápido. Así, los resultados son deficientes y el vaso medio lleno se vuelve medio vacío.

Un resultado interesante es que no hay una correlación entre escuelas de bajo nivel socio-económico y calidad, hay niños “bien” con malos resultados y niños “pobres” con “buenos”. La mayor sorpresa es que el primer lugar de todos los países lo alcanza China-Shanghai, un pueblo de bajos ingresos, que desplaza a Singapur, Finlandia y Japón. Logra 600 puntos en las tres materias. Esta hazaña la logra en pocos años.

Por las mismas fechas, diversos organismos de la sociedad civil entraron al debate. Claudio X. González, presidente de Mexicanos Primero, rindió su informe Brechas. Habla de “la revolución pendiente”, de “un panorama desalentador”, de “estancamiento en calidad y cantidad”, de “una educación que reproduce la desigualdad”. Otro grupo, Coalición Ciudadana por la Educación, convocó a Muévete por la Educación, llamando al Estado a que retome la rectoría en la educación y elimine la complicidad entre la SEP y el SNTE. Marinela Servitje, presidenta de Compromiso por la Calidad de la Educación, propuso que no es suficiente evaluar alumnos, sino también escuelas y maestros, y a integrar los objetivos de la Alianza por la Calidad de la Educación en la ley. Hay otros grupos. Ello significa una gran dispersión de esfuerzos de la sociedad civil. Al gobierno le corresponde ejercer liderazgo para integrar una sola agenda nacional. En Brasil, los empresarios crearon Todos por la Educación, pero Lula tomó la bandera y creó un “Compromiso” de Estado.

Hay diversas paradojas. En el cuadro de la OCDE, México gasta la mayor proporción del presupuesto en educación, 20%, y también de las mayores en relación al PIB, 6%, pero sus resultados son los peores. Casi todo es gasto corriente y sueldos, y no infraestructura o contenidos educativos. Al mismo tiempo, se gasta sólo 2 mil pesos por alumno, la tercera parte del promedio. Cabe la pregunta de si los recursos deben dispersarse en las 230 mil escuelas de manera uniforme o crear a la vez “escuelas de excelencia”. El presidente Piñera creará 60 de estas escuelas para alumnos brillantes de familias pobres. El modelo francés creó los grandes liceos y la famosa Escuela Normal Superior. México tuvo la gran Escuela Nacional Preparatoria.

¿Los recursos deben privilegiar sólo la educación básica o, como en la India, invertir fuertes cantidades en universidades y escuelas técnicas para generar ingenieros, científicos y técnicos vinculados a la sociedad del conocimiento? En México sólo el 25% de los jóvenes tiene acceso a la educación superior; en Corea, 93%.

El presidente de Finlandia, país donde la educación y los maestros tienen el mayor reconocimiento social, dijo: “hay tres recetas para el éxito educativo: maestros, maestros, maestros”. Según la OCDE, esto implica para México mejorar las bases de donde se selecciona a los maestros. En Corea es el 5% con mejores calificaciones. Riguroso concurso de admisión, no plazas vendidas o heredadas. Unificar estándares, tanto de lo que se enseña a los maestros como de lo que los maestros enseñan, dar tanta atención a los contenidos como a la tecnología pedagógica, crear una carrera magisterial con adecuados estímulos.

En Singapur, el lema educativo es: “Escuelas que piensan, nación que aprende”. ¡Podríamos también imitarlo!

Catedrático de la Universidad Iberoamericana

Creo que contiene puntos interesantes para analizar. Un ejemplo es el de que contar con más recursos no necesariamente se traduce en buenos resultados. Además, como menciona el escritor, podemos aprender del ejemplo de los países mejor posicionados.

“Cambiar la apariencia del dock de mac”

Desde que ví esta presentación del profesor Darren Kuropatwa, además de otras cosas, me gustó la apariencia del dock en 2D que ahí se muestra.

Supuse que se trataba de alguna versión anterior del Mac OS. Mi versión es reciente (adquirí mi MacBook en junio de 2010) y la apariencia del dock es en 3D.

Después de estar trabajando un rato, para despejar la mente, busqué en Google acerca de esta apariencia del dock y me encontré con esta entrada, la cual reproduzco a continuación in extenso:

Hace unos días vi una captura de pantalla de Víctor F. Ruiz, me gustó mucho el detalle del dock en 2D y pienso que algún maquero le puede interesar.

Primero abre una terminal, pega uno de los siguientes códigos y pulsa intro.

Para abrir una terminal tan solo tienes que pulsar manzanita + espacio y escribir ter, spotlight detectara la aplicación y pulsas intro para abrir la terminal.

Apariencia 2D

defaults write com.apple.dock no-glass -boolean YES
killall Dock

Apariencia 3D

Para volver a la vista por defecto:

defaults write com.apple.dock no-glass -boolean NO
killall Dock

Nota:

Los cambios son permanentes, al reiniciar la sesión permanecerán.

Aquí está la captura de pantalla de mi escritorio, con el dock en 2D:

Creo que se ve muy bien. Me quedaré con esta apariencia, al menos, por un tiempo.