Crisis profesional #3

Ya ha pasado algún tiempo desde la última vez que hablé acerca de mis crisis profesionales y con razón, si se tiene en cuenta que dejé de publicar por algún tiempo en este espacio.

Cada vez he estado pensando que mi salida de la escuela donde laboro está muy cerca. Explico a continuación los motivos por los cuales digo esto:

  1. Tengo que firmar contrato cada semestre. Esto definitivamente me previene de pensar que mi lugar está asegurado en mi escuela. En cualquier momento, los directivos de mi institución me pueden dar las gracias y dejarme fuera terminando un semestre. Además, no genero antigüedad en la institución. Puedo tener trabajando en mi escuela siete años y medio, pero, oficialmente, sólo tendré seis meses. Y los directivos se han encargado de dejarlo bien claro cuando nos han dicho que “nadie es indispensable” o que, si algo no nos gusta, “la puerta está muy grande” en las juntas de la academia.
  2. Una gran carga de trabajo. En mi escuela, se quiere hacer demasiado para marcar diferencia respecto a otras instituciones educativas de la región y así, captar más alumnos. Se cuenta con un “Programa de Tutoreo” en el que se atiende las necesidades de los estudiantes. Se debe estar monitoreando constantemente a los alumnos y, si llegan a tener algún problema, se debe reportar a los tutores. Si un alumno necesita ayuda especial, se le debe dar. Por ejemplo, si algún alumno tiene problema para entender el material de algún curso, se le programan asesorías extras fuera de su horario de clase con un maestro de matemáticas (yo) para que el alumno termine comprendiendo el material del curso. Algunos alumnos, creo, no tienen la capacidad necesaria para poder con el rigor de los planes de estudio de mi escuela, pero hay que ayudarlos y eso demanda mucho esfuerzo. Al querer captar más estudiantes, se les programa un taller para prepararlos para el examen de admisión a la escuela. A mí me ha tocado tener que viajar fuera de mi ciudad para impartir dichos talleres. Se hacen desayunos informativos a padres de familia y en algunos de ellos los maestros debemos estar presentes. A algunos maestros se les asignan llamadas para los padres de los alumnos candidatos a entrar a nuestra escuela para convencerlos de que inscriban a sus hijos, etc.
  3. Recientemente fui nombrado “Director de generación”. Un director de generación debe monitorear a los estudiantes bajo su tutela. Sus faltas, sus calificaciones, las materias que lleva cursadas, las materias que le falta para concluir su prepa, apoyarlos en cualquier trámite administrativo, atender cualquier reporte de indisciplina, apoyarlos en la elaboración de sus horarios de clase, etc. Incluso, una vez, tuve que buscarle otra pensión a una alumna que tuvo problemas con la dueña de la pensión donde estaba viviendo. Y la verdad, me siento como pez fuera del agua en dicho cargo. No entiendo muchos de los trámites administrativos, además de que creo que carezco del orden y hábitos de trabajo sistemático que se requiere para poder llevar el control de tantos alumnos.
  4. Debido a que debo realizar todas estas actividades, mis horarios son fatales. Casi nunca cuento con el tiempo suficiente para poder salir a comer, como sí lo tienen mis compañeros maestros. Mi horario depende de los horarios de los alumnos. Si algún alumno necesita asesoría o taller, y “no puede” tomarlo en las tardes, debo destinar tiempo de mi comida a apoyar a estos alumnos. O, si sólo puede tomarlo muy tarde en el día, mi hora de salida se recorre y muchas veces soy de los últimos maestros en irse de la escuela.
  5. Todo esto lleva a un estilo de vida nada saludable. Se tiene mucha presión para poder cumplir con estas actividades, muchas veces se come mal y no se duerme lo suficiente por la falta de tiempo. Del ejercicio físico, ni hablar. No hay tiempo para ello.

Por lo mencionado anteriormente, creo que debo prepararme para poder abandonar este trabajo. Debo estar conciente de que en cualquier momento me pueden dar las gracias y decirme que ya no hay clases para mí. Y si no, también debo estar conciente que en algún momento, yo debo ser quien les dé las gracias por la confianza y despedirme, antes de que termine afectado. Debo estar atento para poder reconocer este momento.

En lugar de dar clases en alguna escuela, daría clases particulares en casa, además de atender los negocios de la familia. Después de todo, así fue como empecé en la docencia. Tendría mucha más libertad para escoger mis horarios de trabajo, además de poder decir “no”, si quiero.

Muchas veces he pensado que estaría mucho mejor si dejara este empleo. Llevaría un mejor estilo de vida. Gracias a Dios, no necesito trabajar para vivir. De hecho, trabajo en esto porque quiero, no tanto por la paga. Como diría un amigo: soy de los afortunados. Yo digo que soy muy bendecido 🙂

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