Sonriendo

Hoy he estado recordando la ceremonia de graduación cuando terminé la maestría en mayo de 2011.

En dicha ceremonia, además de mí, se graduaron mis alumnos de la preparatoria, a los que les había impartido sus últimas clases de matemáticas, Cálculo diferencial y Cálculo integral.

Graduarme de mi maestría no fue fácil, en el último semestre tuve que empezar de nuevo mi tesis. Tuve 4 meses para volverla a hacer desde cero. Recuerdo que mi régimen esos días era salir de la escuela, llegar a casa alrededor de las 7 pm, dormir, levantarme a las 11 pm y empezar a trabajar en mi tesis hasta las 5 am, darme un baño y partir a la escuela, dar clases, asesorías, trabajar preparando todo lo necesario para las clases del siguiente día y empezar otra vez. Trabajé, incluso, en las vacaciones de diciembre. Doy gracias a Dios de que no me asignaron otra actividad Así pude concentrarme en terminar mis estudios.

No tengo que decir que el recibir mi diploma, en la ceremonia de graduación fue una gran satisfacción, sin embargo, ocurrió algo que no esperaba. Cuando pasé al frente del auditorio a recoger mi diploma de maestría, todos mis alumnos aplaudieron y vitorearon y, según me cuentan algunos que estuvieron presentes (yo no lo ví), tanto alumnos como profesores aplaudieron de pie.

Después de la ceremonia de graduación, celebré con mi familia cenando en un restaurante. Fue una cena sencilla, pero lo más importante (evidentemente) fue el poder compartir este logro con mi familia.

Días después, empecé a darme cuenta (muy lentamente) de todo esto que he mencionado y le agradecí a Dios por esa bendición que me dió y la gran responsabilidad que representa. Tengo que esforzarme para poder seguir siendo un excelente profesor que sea apreciado por sus estudiantes, pero también que pueda transmitir sus conocimientos y hacer que los estudiantes valoren las matemáticas. Creo que esto es ya de por sí un gran reto.

Debo confesar que este último año creo que he fallado y no lo he conseguido. Puedo dar muchas razones, como que ahora soy director de generación, que tengo más asesorías, etc., pero creo que sólo serían pretextos. Tengo que esforzarme el doble para ser el maestro que quiero ser.

Gracias a Dios, tengo colegas en mi escuela que son excelentes y puedo contar con su guía y apoyo incondicionales. Mi escuela es, de verdad, un excelente lugar para trabajar.

Parece que tengo todo para tener éxito, ¡a trabajar se ha dicho! 🙂

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