Archivo de la categoría: C. S. Lewis

Cuento de hadas

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“Some day you will be old enough to start reading fairy tales again.” ~ C S Lewis

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C. S. Lewis y los libros antiguos

C. S. Lewis es mi escritor favorito. Como profesor de literatura clásica de Oxford y Cambridge, era un experto en la materia.

Acerca de los libros antiguos, C. S. Lewis escribió:

Así he encontrado como profesor de Literatura Inglesa que si el estudiante promedio quiere saber algo sobre el platonismo, la última cosa que él piensa es tomar una traducción de Platón de la estantería de la biblioteca y leer el Simposio. Prefiere leer un monótono libro moderno diez veces más extenso, todo acerca de “ismos” y las influencias y sólo una vez en doce páginas diciéndole lo que Platón dijo realmente. El error es más bien afable, ya que nace de la humildad. El estudiante tiene un poco de miedo de encontrarse con uno de los grandes filósofos cara a cara. No se siente preparado y piensa que no lo entenderá. Pero si él supiera, el gran hombre, sólo por su grandeza, es mucho más inteligible que el comentarista moderno. El estudiante más simple será capaz de entender, si no todo, pero muchísimo de lo que dijo Platón, pero casi nadie puede entender algunos libros modernos sobre el platonismo. Por lo tanto, siempre ha sido uno de mis principales esfuerzos como profesor de persuadir a los jóvenes que el conocimiento de primera mano no sólo es el que vale más la pena en adquirir que los conocimientos de segunda mano, sino que suele ser mucho más fácil y más agradable el adquirirlo.

Y continúa diciendo:

Cada época tiene su propia perspectiva. Es especialmente bueno para ver ciertas verdades y especialmente propenso para cometer ciertos errores. Todos, por lo tanto, necesitamos los libros que nos ayuden a corregir los errores característicos de nuestra época. Y esos son los libros antiguos.

Así, pienso seguir su consejo y leer los libros antiguos, intercalados con alguno moderno. Por lo pronto, estos son los que pienso adquirir:

1. Sir Gawain y el caballero verde, Anónimo.

2. La amistad: un privilegio de los hombre buenos, de Cicerón.

3. La muerte del rey Arturo, Anónimo.

4. De la naturaleza, de Lucrecio.

5. Amadís de Gaula, Anónimo.

6. La columna de hierro: Cicerón y el esplendor del imperio romano, de Taylor Caldwell.

7. Anales, de Tácito.

8. Discursos, de Demóstenes.

9. Comentarios de las guerras galias, de Julio César.

10. Acerca de la vejez, de Cicerón.

Por supuesto, se aceptan comentarios a esta lista. ¿Algún libro antiguo que pueda añadir a la lista?

Gandhi

Hace poco compré tres libros en la librería Gandhi a través de su sitio de Internet. Dichos libros son:

1. Reflexiones sobre los Salmos, de C. S. Lewis.

2. Ética y política: Una mirada desde C. S. Lewis, de Manfred Svensson.

3. Política para Amador, de Fernando Savater.

Mi pedido llegará pronto (aunque para mí, no lo suficiente) por Estafeta.

Espero, cuando lleguen mis libros, poder experimentar lo mismo que nos cuenta C. S. Lewis, cuando recibía libros nuevos por el correo:

Todas las personas de mi edad han tenido en su juventud una bendición que bien pueden envidiar nuestros menores: crecimos en un mundo de libros baratos y abundantes. Los libros de la colección Everyman costaban entonces apenas un chelín y, lo que es más, nunca estaban agotados: tus Clásicos del Mundo, Biblioteca de las Musas, Biblioteca Universitaria del Hogar, Clásicos Temple, las series francesas de Nelson, los libros de bolsillo de Bohn y de Longman, todos a precios adecuados. Todo el dinero que podía disponer iba a órdenes de compra por correo a Messrs. Denny, de Strand. No había días más felices, ni siquiera en Bookham, que aquellos en que el correo de la tarde me traía un pulcro paquetito envuelto en papel gris oscuro. Milton, Spencer, Malory, La noble historia del Santo Grial, La saga de Laxdale, Ronsard, Chénier, Voltaire, Beowulf y Gawain y el Caballero Verde (ambos en traducciones), Apuleyo, el Kalevala, Herrick, Walton, Sir John Mandeville, la Arcadia de Sidney, y casi todo Morris, llegaron a mis manos volumen tras volumen. Algunas de mis compras me desilusionaron y otras superaron mis esperanzas, pero deshacer el paquete fue siempre un momento delicioso. En mis raras visitas a Londres contemplaba a Messrs. Denny, en Strand, con una especie de reverencia, tanto era el placer que de allí había venido.

¡Excelente!

Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario, de C. S. Lewis

Es prácticamente imposible no leer una obra de algún escritor acerca del cristianismo, y que a la hora de hacer referencia a alguna autoridad en la materia, no mencione a C. S. Lewis.

Fue un crítico literario, uno de los más grandes novelistas en lengua inglesa, y académico de Oxford.

Fue gran amigo de J. R. R. Tolkien, el cual, junto con otros amigos, que formaban el grupo literario llamado Los Inklings, convencieron a Lewis de hacerse cristiano.

El cristianismo, así como una gran pasión por la mitología nórdica y la literatura clásica, marcarían las obras de Lewis.

Un buen ejemplo es el segundo libro de la serie Las Crónicas de Narnia, El león, la bruja y el armario. La descripción del mismo, de la editorial Destino, al reverso, dice así:

Narnia…, un mundo congelado…, una tierra que aguarda su liberación.

Cuatro niños descubren un armario que les sirve de puerta de acceso a Narnia, un país congelado en un invierno eterno y sin Navidad. Entonces, cumpliendo con las viejas profecías, los niños -junto con el león Aslan- serán los encargados de liberar al reino de la tiranía de la Bruja Blanca y recuperar el verano, la luz y la alegría para todos los habitantes de Narnia.

Narnia, la tierra donde todo puede suceder.

Todo el que lea esta obra, y tenga algún conocimiento de (verdadera) doctrina cristiana, podrá fácilmente establecer paralelos entre la historia y el cristianismo. El ejemplo más claro es la respuesta de Lewis cuando un niño le manda una carta (mantuvo correspondencia con sus lectores, parte de la cual está registrada en el libro Cartas de C. S. Lewis a los niños) preguntándole al autor a qué personaje de nuestro mundo representa el imponente león Aslan:

En cuanto al otro nombre de Aslan, bueno, quiero que tú lo adivines. ¿No ha habido nunca en este mundo alguien que: (1) Llegó junto con la Navidad, (2) Declaró ser el hijo del Gran Emperador, (3) Se entregó por las faltas de otros para ser objeto de burla y ser asesinado por gente malvada, (4) Resucitó, (5) Es llamado a veces el Cordero (fíjate al final del Explorador del Amanecer)? ¿Realmente no sabes cuál es Su nombre en este mundo? ¡Piénsalo bien y dame tu respuesta!

Recuerdo que, en una ocasión, cuando salió la película más reciente del libro, de los estudios Disney, a la par de esta nueva edición del libro, se realizó un foro en el diario El Universal, donde un “experto” en esta obra respondía preguntas de los lectores. Yo participé en dicho foro, ya que el supuesto “experto” negaba cualquier relación de la obra con el cristianismo, diciendo que el sacrificio de Aslan era idéntico al de Jesucristo. El “experto” me respondió que a pesar de las “similitudes”, no existía ninguna relación. Sólo dejó al descubierto su gran ignorancia.

La relevancia de la obra de Lewis queda en evidencia en las palabras del profesor Peter Kreeft:

El Padre Joe Fessio se levantó en la sesión de clausura… y dijo que lo que nos une a todos (los cristianos, N. del T.), a pesar de nuestras serias diferencias, son las Escrituras, los primeros seis concilios ecuménicos, y las palabras de C. S. Lewis. Todos aclamaron.

Por las razones expuestas, y por la gran calidad de esta obra, Lewis, quien, como leí alguna vez en una de sus muchas biografías, estuvo rodeado de libros, alumnos y amigos, es, definitivamente, mi escritor favorito.

Mensajes de Carlos Vázquez a los alumnos

Este fin de semana he recibido tarjetas electrónicas, así como varios mensajes de felicitación por mi cumpleaños en Facebook de parte de alumnos y ex-alumnos. También me la he pasado respondiendo a todos y cada uno de ellos.

Además de ser una experiencia increíblemente gratificante, creo que ahora sé como se sintió C. S. Lewis cuando recibía y respondía todas las cartas que le llegaban por correo de parte de sus jóvenes lectores, comentando su serie de libros de Las Crónicas de Narnia.

Aunque algunos podrían considerar tedioso el responder cada uno de los mensajes que me han llegado, para mí ha sido precisamente lo contrario. Los he contestado todos con gusto.

Después de hacerlo, me siento como el comentario de The Sun acerca del libro Cartas a los Niños:

¿Tiene mal humor? ¿Se siente viejo? Lea a C. S. Lewis. Lea sus Cartas a los Niños. Lo puede hacer de una sentada, y cuando se levante se sentirá mejor, mucho mejor.

Un día ideal

C. S. Lewis escribe, en Sorprendido por la Alegría, lo siguiente:

Escogería siempre desayunar exactamente a las ocho y estar en mi escritorio a las nueve, y allí escribir o leer hasta la una. Si me pudieran traer una buena taza de té o de café alrededor de las once, tanto mejor… El almuerzo debería estar en la mesa a la una en punto; y a las dos como más, me encontraría dando una caminata… La vuelta de la caminata y la llegada del té debieran coincidir exactamente, y ello no después de las cuatro y cuarto. El té debería tomarse a solas… A las cinco se debería estar de vuelta al trabajo, y seguir hasta las siete. Entonces, durante la cena y después, viene el momento de conversar o, si eso falla, de lecturas livianas; y a no ser que tengas una salida nocturna con tus compinches…, no hay razón alguna por la que debas estar en pie pasadas las once.

Definitivamente que este también es mi ideal de lo que debe ser un día. Hubo algún tiempo en el que tuve la oportunidad de disfrutar este tipo de vida, pero ahora me es completamente imposible.

Tal vez vuelva a tener la oportunidad de vivir de esta manera. ¿Qué más puede pedir un hombre simple?